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Terra
La Coctelera

Joaquín Sabina

Más que previsible, era de esperar que mi número uno fuese Joaquín Sabina, el trovador callejero de voz rota y alma melancólica. Y todo empezó en un pueblo castellano años atrás cuando no siendo siquiera un quinceañero, escuchaba a mis tias poner en el radiocasette una cinta de Joaquín Sabina mientras ayudaban a mi abuela en la casa. Esa cinta se titulaba "Esta boca es mía" y yo no tenía más que 13 años, los justos para que lo único que me apeteciese hacer era jugar al frontón o a fútbol con mis amigotes del pueblo.

Años después, cuando nos empiezan a absorber los sesos con modas y tendencias estúpidas, me preguntaron que cual era mi cantante preferido, a lo que respondí que "ninguno, quizás Joaquín Sabina por todo lo que le escuché de pequeño" Ingenuo de mí, había mentido; y es que desde que empecé a escuchar música, siempre recuerdo tener algo de Sabina rondando por algún lado de mi cuarto. Empecé comprándome su "Esta boca es mía", definitivamente mi disco preferido, para seguir con Física y Química, Hotel dulce hotel y así hasta tener su discografía completa; hecho del todo meritorio, ya que por ese entonces mis ingresos no superaban lo que valía un disco. Igual Joaquín me ayudo a no caer en otras drogas duras o blandas, todos mis ingresos iban a sus discos.

Con Joaquín fue un flechazo, pero un ensimismamiento a fuego lento. Reconozco que las primeras veces que escuchaba a Joaquín me preguntaba que por qué me había comprado ese disco, había tirado el dinero a la basura. Pero era un estado estacionario, mi mente cambiaba de rumbo y se empapaba con las letras reales y directas de Joaquín; letras que muchas veces ni entendía, incluso aún hoy dudo con muchas. Tras ese primer paso de rechazo, llegaba el de aceptación para acabar con el de entronización. Me gusta todo lo escrito por Sabina, desde sus canciones, hasta sus poemarios o su columna semanal en Interviú. Devoro, al igual que con The Beatles, todo lo que me cae en las manos de él y puedo pasarme tardes enteras dando vuelta y vuelta a un disco suyo, sin llegar siquiera a cansarme.

Siempre he dicho que Sabina es un gran cantautor, compositor y todo lo que sea, pero ante todo veo que es un letrista de excepción, un cantante de primera y un compositor increíble. La gente dirá todas las bobadas que quiera, que si canta hablando, que si es un payaso, que vive de las rentas, que con esa voz donde va. Será cierto todo eso, pero es algo que veo en todos los personajes y cantantes hoy día. Seamos serios y llamemos las cosas por su nombre. Una cosa es lo bien que te puede caer o no una persona, pero examinar toda su obra por su personalidad es un acto hipócrita y cobarde.

De la vida de Sabina la verdad poco sé ni me interesa. No es una vida ejemplar, ni siquiera me llama la atención tanto como la de otros personajes como Janis Joplin, Jim Morrison o John Lennon. Igual tiene que convertirse en mito o morir y entonces empezaría a leer todo sobre su vida. Joaquín siempre fue un joven inquieto aficionado a los grandes de la poesía y de la música. De él es el famoso "todos los grupos son un cantautor y unos músicos, menos The Beatles que eran dos cantautores" Joaquín es ante todo beatleniano, guarda como oro en paño las 5 libras que le regaló George Harrison cuando le cantó por su cumpleaños, allá en su época de exiliado político; pero también es Calamarista, o Dylaniano, por no decir gran seguidor de Leonard Cohen, Silvio Rodríguez o de su primo Joan Manuel Serrat y hermano Javier Krahe. Por ello su música es tan variada, tan especial, en la que no se estanca por miedo a perder, en la que conjunta sus grandes letras, su rota voz, la habilidad de sus acompañantes y la grandeza de sus colaboradores.

Porque esa es otra; mi única obsesión desde que escucho a Sabina era verle en concierto, a él y a todos los suyos. Se me pasó la ocasión en Burgos hace unos años en la famosa gira "Nos sobran los motivos", luego temblé con su Marichalazo y me alegré cuando inició su gira Ultramarina por teatros de España. Le ví en el Euskalduna, un concierto acústico increíble, pero me faltaba algo, y no era otra cosa que poder saltar y cantar en voz alta todas sus canciones. Llegó esa segunda oportunidad en Mayo, cuando volvió al Botxo y ahí fui yo, invitando a mi prima, más sabinera si cabe que yo, a perder la voz y a pasarmelo bien. Increíble concierto, fantástico directo, una voz espectacular, cada vez más rota, cada vez más sabinera, con una increíble Olga Román aguantandole todas las notas que quisiera, o un Pancho Varon más rockero que nunca, además del omnipresente Antonio García de Diego y del paisano Jaime Asúa.

Dios musical para un agnóstico como yo, mesias de una etapa de la vida, contador de cuentos reales, cercanos; buen padre, buen amigo, buen compañero, buen confidente, casado en primeras, segundas y las que sean, nupcias con infinidad de mujeres y con el amor. Crápula, canalla como no hay otro, amante de miles de mujeres, metido a cantante y no a torero, porque cantando se follaba más. Escritor de canciones para cantar al oido de mujeres y para que suenen mejor en boca femenina que masculina. Amante además de Latinoamérica, de la que ha hecho su segunda casa, entusiasmado admirador y defensor del Madrid añejo, ese que huele a vino de garrafón y a calamares; ferviente seguidor del Atlético, dejando de lado Plácido Domingueos más propios de Chamartín.

Joven aprendiz de pintor, ciudadano cero, mentiroso compulsivo, creador de historias urbanitas, cercanas y muy directas; quizás reales, quizás inventadas, pero siempre suyas. Enemigo íntimo, revolucionario cubano, jugador de Boca, pirata cojo, caballero ante todo, educado hasta la saciedad, mariachi tal vez, flamenco puede que también, un poco vasco, un gran torero, conductor suicida, político a veces, apolítico otras, mediocre boxeador, excelente acompañante de princesas y mujeres con o sin compañía. Bocazas de donde han salido infinidad de sabinismos y sabinadas, directo y ante todo Sabina, Joaquín Sabina.

Andrés Calamaro

Qué decir de Andrés Calamaro que no se sepa ya, cómo hablar de un hombre que ha escrito la banda sonora de la vida de muchos y muchas argentinas. Cómo explicar porque Andrés es el número dos de mi lista, porque le llamo el Profeta, el cantante, el Diego de la música.

Mi idilio con Andrés comienza hace ya unos 12 años, cuando a punto de separarse los Rodríguez, las miradas de los fans de ese grupo se giran hacia sus dos máximos exponentes, Ariel Rot y Andrés Calamaro. Ambors deciden emprender uno y retomar otro, sus carreras en solitario. Es entonces cuando desembarcan en las tiendas uno de los mejores y más grandes discos editados en España y Latinoamérica en los últimos años, Alta Suciedad. Como me pasaba con Sabina, no entendía algunas letras de ese fantástico disco, pero daba igual, enganchaba y tiraba, como un anzuelo destrozando la boca de un indefenso pez. Yo era el pez y Andrés acababa de clavar su anzuelo en mi curiosidad musical.

Fue el principio del fin; como he puesto luego en todas las seudopáginas que he tenido en la red, "le pedí otra vida a la música y en esto descubrí a Andrelo". Una paranoia más mía. Descubrí y empecé a disfrutar y a escuchar todo lo editado por Andrés, desde sus comienzos con Raíces, hasta su Tinta Roja, sin olvidar etapas abuelísticas ni domingueras. Descubrí un stoniano enamorado de Dylan, fanático musical admirador a partes iguales de The Beatles que de Carlos Gardel, capaz de componer y crear bellas canciones como Flaca o Media Verónica, hasta música popular capitaneada por su archiconocida Maradona. Un argentino de nacimiento y español de adopción, probador de todo tipo de sustancias tóxicas, pero aún así mantenido siempre cuerdo, siempre lúcido, siempre brillante.

Profeta de una etapa de la vida que se llama vida, contador de cuentos reales, cercanos; casado en primeras,s egundas y las que sean, nupcias con su piano, su guitarra, su bandoneón. Oculto gran parte del día y de la noche en sus ahumadas gafas de sol, homenajeando a su amigo y admirador Maradona imitándole su corte de pelo. Siendo futbolero, aún no siendo amante de este deporte. "En el 78 y 86 el fútbol consiguió lo que no hicieron los políticos, unir una nación" suele decir. Con Estadio Azteca lo rubricó.

Grab Dylaniano como he dicho, tuvo al inmensa fortuna de ser su telonero en su gira española, tras firmar un acuerdo por el que no podía dirigirse a su ídolo, ni casi cruzarse con él sin tener que bajar la cabeza. Fanático como los demás, cuando Bob Dylan le paró y le dijo que le había gustado su disco "Alta Suciedad". Una gran desilusión y una sonrisa maquillaron su cara cuando se dio cuenta que su D10S Dylan, ni siquiera había abierto el disco que le había dedicado Andrés. Es más lo dejó olvidado bajo una cama de un triste hotel en esa larga gira.

Amante de las largas conversaciones, enemigo de la política, prefiere sentarse con sus amigos Valdano, Sabina, Redondo o Cappa y hablar de música y de la vida en general. Unido como uno más al clan argentino del Real Madrid de mitad de los años 90, gran animador de las fiestas madrileñas y gran colaborador. Gran colaborador con grupos, amigos y conocidos; no existe grupo en España que no haya editado un disco en el que no haya colaborado Andrés. Nancho Novo ya lo dijo con sus "Los Castigados sin postre": "En este disco no colabora Calamaro, por eso es diferente"

Argentino, mexicano, español, flamenco, de todos los lugares y de ninguno solo. Empezó con un pop puramente argentino, para evolucionar y derivar en un rock suave y elegante, pasar a su pop más intimista, llegar a su cumbre con su faraónico El salmón, y empezar a tocar otros estilos y modelos. Acaricia el flamenco de la misma forma que desgarra con un corrido mexicano o se emociona con un tango bonaerense. Y siempre con su sello indiscutible, ese que hace que miles y miles de personas le sigamos y escuchemos cual profeta va a dar su sermón al monte.

Andrés Calamaro, una religión a falta de otra más mística, una válvula de escape a los malos y buenos momentos, un cuentacuentos real, duro, brillante, directo. Pasar de la soledad al dolor en segundos, a la alegría y disimulando llega a asegurar que Elvis sigue vivo. Un cantante honesto y necesario, porque como él dice, "la honestidad no es una virtud, es una obligación. La brutalidad, en cambio, es un derecho que tienen algunos sistemas nerviosos frágiles. ¡Volar es sólamente para los pájaros!" Gran lección.

Rosendo

Más tarde o más temprano tendré que acabar con estas chapas musicales que pongo aquí cada semana. No sabía cuando iba a acabar esta lista, pero ya tengo fecha marcada en el calendario. Coincidirá el número 1 de por acá con mi cumpleaños; casi nada. Y mientras en el 3 tengo al gran Rosendo Mercado, un rockero único, inimitable, increíble y espectacular.

Hay que remontarse a 1975 para encontrar los primeros ramalazos musicales de Rosendo. El dictador ha muerto y es entonces cuando se inicia una etapa destinada a marcar huella tanto en lo cultural como en lo musical. Y uno de esos jóvenes dispuestos a comerse el mundo y cambiar las cosas es Rosendo, un imberbe joven de Caranbanchel que acaba de hacer la mili por imposición. Así da sus primeros pasos con su colega José Carlos Molina, formando el grupo Ñu. Beben de grandes grupos del momento como Cream o Black Sabbath.

Esta experioencia acaba como el rosario de la aurora y Rosendo se va, para montar el primer gran grupo de rock de la historia en España; Leño. Por fin la música se abre paso en España, las letras ganan la partida a la censura. En los inicios había que romper con todo, dar vueltas, girar, cambiar, transgredir, provocar y todo con un espíritu que hoy día, en Rosendo, sigue intacto. Prejuicios y tabúes se fueron pulverizando, empezaban a aparecer palabras como "puta" en las canciones. Lo más difícil estaba hecho, poco a poco la gente dejaba atrás el prólogo franquista; ahora lo importante era sentirse un Chuck Berry, Elvis, Ozzy Osbourne; y hacérselo ver a la gente.

Y ahí estaba Rosendo, el padre del rock urbano, el inventor de bandas sonoras de barrio, para decir que los tiempos han cambiado y que un chaval de Carabanchel es algo más que un sinvergüenza. Empezando desde antros de mala muerte, se va abriendo paso, primero con Leño y después en solitario. Empieza a sonar por Madrid, ¿quién es ese Rosendo? la gente empieza a hablar de él. Traspasa fronteras, es resto del país le conoce, sus compañeros de profesión empiezan a verle como alguien increíblemente real. Empiezan la infinidad de colaboraciones con artistas de todo tipo, las giras interminables en furgonetas y caravanas. Los festivales, la cercanía de la gente, hace sentir a Rosendo vivo, muy vivo. Nunca ha sido cantante de unas grandes ventas, pero tiene algo que ha hecho que todo el que le escuche no le abandone.

Estandarte de un tipo de rock urbano y visceral, enérgico y callejero, honesto y sin trampa ni cartón, a él le deben la vida muchísmos grupos musicales que no tenían como meter la cabeza en este mundo. Siempre dispuesto a ayudar, a hacer cumplir sueños, a cantar contigo; raro es el grupo que no ha cantado algo a duo con Rosendo; raro es el grupo que no dio sus primeros pasos con él. Extremoduro, Barricada, Porretas, Platero, Joaquín Sabina, Calamaro, Luz Casal, todos han cantado con él, y todos se han quedado con ganas de hacerlo más a menudo, porque es un icono, alguién que difícilmente volverá a repetirse. En un tiempo movido todo por el dinero e intereses discográficos, Rosendo siempre ha sido fiel a su estilo, al ayuda al prójimo y celebra su éxito como tuyo propio.

Padre de verdaderos himnos musicales como "Maneras de vivir", "Agradecido", "Flojo de pantalón" y un etcétera, siempre ha sido fiel a su estilo y ha seguido ofreciendo lo que gusta y mejor sabe dar, al margen de posturitas y modas pasajeras. Y ya son muchos años contra viento y marea, y ahí sigue con su gran directo en el que disfrutas de una verdadera leyenda del rock, imperturbable a sus 52 años, con su eterna melena, su inconfundible camiseta blanca y su característica forma de guitarrear. Como siemre dice en sus conciertos "Esta canción la dedico a todos los borrachos de esta ciudad, y a los que hemos venido de fuera". Es uno más, y eso ha hecho que sea uno de los artistas más queridos tanto por crítica como por público. Un tío de Carabanchel, un grande; Rosendo sin más.

Loquillo y los Trogloditas

Sólo pongo Loquillo, porque el Loco siempre se ha rodeado de grandes y buenos amigos; primero fueron Loquillo y los Intocables, para después ser Loquillo y los Trogloditas. Y es que el Loco, es una persona que además de llamarme la atención por su música, lo hace también por su personalidad. De haber nacido en los USA, el Loco sería un rockero de culto, pero nació en el Clot, y en este país no se perdona a los que quieren seguir su camino, alejándose de los que te imponen una senda. Bueno yo prefiero al loco y su camino erróneo.

El Rock and Roll representa poderío, potencia, energía positiva. Tres palabras que defienen al Loco, un tipo de casi dos metros que iba para jugador de baloncesto, y de los buenos que se dice; que nació en el barrio obrero barcelonés del Clot hace más de 40 años. Un gran tipo que se reconoce en permanente guerra contra el mundo; hasta sus enemigos dicen de él que tienen madera de gran líder. Sabe que se vive sólo una vez y que se recibe lo que se da, por eso él lo da todo y exige estar siempre rodeado de los mejores. Se basa en tres principios; "Honor y Lealtad tatuados en la piel", "O conmigo, o contra mí" y "Respeto a los mayores". No soporta a los que no creen en lo que hacen.

Se identifica con Dean Martin y sus influencias son el rock de los 50, las grandes bandas de su adolescencia, los cantautores franceses, Yves Montand, los grupos punk-rock de los 70, Johnny Cash ... Pasa muchas noches leyendo biografías de personajes históricos mezcla de guerreros y poetas, Lawrence de Arabia, el Che Guevara, Patton, como lo que es él; aunque alterna esta lectura con sus cómics de la Marvel. Odia los cómics de manga japonesa, ya que como dice él; "demasiada violencia gratuita"

Nunca se compra ropa, un sastre le hace los trajes a medida, y si se quiere poner un chupa de cuero, usa una de cuando era joven. Fuma Marlboro, bebe Jack Daniel's, le gusta el cine de Scorsese, Ford o Tarantino. Vivió la época del amor libre, pero cuando era realmente amor libre, esto es, entre la muerte de Franco y la aparición del SIDA.

Quiso ser una Rock and Roll Star y lo consiguió. Apostó por el Rock and Roll y la poesía, y muchos la descubrieron. Subió con los suyos a la cima del mundo, pero muchos no quisieron bajar. Aprendió que vende el que menos tiene y que si los que te rodean te dicen que eres el mejor, llegó el momento de cambiar de amigos.

Y todo esto y más se ve en el Loco con sólo acudir a uno de sus conciertos; todo un despliegue de luz y sonido, un espectáculo en que se ve y escucha a un grupo que ha escrito la historia del Rock and Roll en España los últimos 25 años. Un grupo que sigue fiel a sus principios, que no se vende, y que nos hace ver que hay cosas más importantes que lo que otros te hacen ver importante. Son al fin y al cabo, Loquillo y los Trogloditas. Siempre han arrasado en directo y para muestra un botón, un concierto que el Loco siempre guarda con cariño en su memoria.

Lasarte, 1984. Un bolo ante un público totalmente punk, el mismo que una semana anterior había roto la dentadura de un botellazo al solista de un famoso grupo punk español. El Loco preguntó: ¿De qué va esta gente? ¿De anfetas? Dos cajas. Ejerció de mister y dio las órdenes a sus pupilos; esta noche los Ramones de principio a fin. Tras su gran mensaje; "Vamos a la batalla y el Rock and Roll va a ganar" salen a escena. El público que espera un grupo de rock melódico, quiere repetir su actuación de una semana antes. Pero, de repente, Ricard luce una cresta increíble; enchufa su guitarra y empieza a descargar sus notas. Sale Vila con la cabeza totalmente rapada y empieza a tocar la batería como que le va la vida en ello. Loquillo con un brazo escayolado baila a un ritmo que nadie puede seguir. La gente les acepta y por ello empiezan a escupir e intentan subir al escenario esquivando las botas de Simón que marca con el bajo un ritmo brutal. Ricard escupe más que nadie y acaba con la guitarra totalmente empapada de saliva del público. Triunfaron y nunca olvidarán ese concierto. Y es que como digo siempre arrasan en directo. Temas como Cadillac Solitario o La Mataré pertenecen a la historia musical de este país y se corean día sí y día también en karaokes de cualquier lugar.

Debería ser por Real Decreto un espejo en que se mirasen todos los nuevos cantantes que salen a la palestra, o esos que llaman triunfitos; y es que el Loco, ante todo es un tipo inteligente, lúcido y consecuente con sus ideas e ideales. Como dice él, "todos tenemos algo que nos trae hoy aquí, en algún momento de nuestras vidas hemos sido ninguneados, nuestro nombre pisoteado, nuestro talento silenciado o sencillamente nos han dado por muertos... Así que vamos ha salir ahí fuera a demostrarles que estaban equivocados" Son Loquillo y los Trogloditas.

Los Rodríguez

Este grupo de rock, son a mi parecer el mejor que hemos visto en España nunca, con dos grandes compositores, dos grandes guitarras, un gran bateria, un gran tecladista y tres sublimes cantautores. Y todo ello en cuatro personas. Pero para conocer a Los Rodríguez hay que hacer una parada programada en una estación llamada Tequila.

Desde Argentina llegaron a España un colectivo de artistas y músicos destinados a dejar huella en este país. Y en ese grupo estaba un jovencísimo Ariel Rot. Así, mientras su hermana se convertía en mujer Almodóvar, Ariel montaba su propio grupo y empezarían a armarla; no había vuelta atrás, llegaba Tequila. Se convirtieron en grupo de referencia y de culto en España, además de ser la verdadera raíz de Los Rodríguez. Así, pegando sus últimos coletazos la movida, llega a España un joven músico argentino, que nada más pisar España contacta con Ariel Rot, con quien ya había colaborado en Argentina.

Junto a Ariel, viene Julián Infante de Tequila, además de fichar a German Vilella a los palos. Ha nacido la criatura, ahora faltaba el nombre. En un principio iban a ser Los Locos, pero ya había un grupo asturiano con ese nombre; así que un día cenando le explican a Andrés Calamaro lo que es ser un Rodríguez en España. Gusta y mucho esa denominación. Ya está serán Los Rodríguez; se van a vivir juntos y empiezan a tocar desde abajo a pesar de su gran pedigrí.

De hecho su primer disco se graba con una pequeña discográfica, pero no se llega a distribuir porque ésta quiebra. Ese disco, Buena Suerte, es una pieza codiciadísima para cualquier amante de eso que es la música. Así la idea de piratearse ellos mismos y producirse ellos mismos toma cuerpo. Aún así RTVE les produce también una parte. Surge Disco Pirata, con muchos temas de su anterior disco.
Pero su verdadera eclosión llega en 1993, con Sin Documentos. Si ya eran unos músicos con excelente pedigrí y críticas, les faltaba ese empujón del público.

Con Sin Documentos sentaron las bases de lo que debe ser un gran disco de Rock & Roll. Este disco apuntaló a Los Rodríguez en la cima musical aquí en España como al otro lado del charco. Casi sin digerir este éxito, se embarcan en su gran disco, Palabras más palabras menos, su verdadera obra maestra. A sus grandes letras y ritmos se unen colaboraciones con grandes artistas españoles como Joaquín Sabina, Raimundo Amador o Coque Malla.

Los Rodríguez era ya todo un fenómeno tanto en España como en Latinoamérica, capaces de reunir en un concierto más de 100.000 personas en Rio de la Plata, o de sacarse de la manga de un día para otro una gira de más de 50 conciertos en España y más de una decena en América.

Pero Ariel y Andrés tenían hambre de experimentación por su cuenta; querían retomar sus carreras en solitario. Su disco Hasta Luego fue su epitafio; pero la música ganó con el cambio, sino ahí están esas carreras en solitario de Ariel y Andrés; simplemente sublimes. Aunque a alguien como yo, que era todavía pequeño para ir a ver un concierto en directo, le hubiese gustado volver a ver reunidos a Los Rodríguez, extremo que se desvaneció el día en que Julián Infante falleció. Aún así, el pasado 12 de Noviembre viendo a Andrés en Donosti, pude ver una pequeña parte de Los Rodríguez en el escenario, cuando junto a Ariel, tocó alguno de aquellos temas.

Para un servidor, que escuchó un disco suyo con sólo 12 años, éste fue su primer grupo; en gran parte por culpa de mi tía Clara, que en los veranos que pasaba en mi pueblo ponía una y otra vez Los Rodríguez en esa vieja radio de única pletina. Y como dicen que los primeros amores duran toda la vida, Los Rodríguez fueron, son y serán el mejor grupo de rock que verá este país.